¿Eres el dueño de tu perro? – DEP Emma

La terrible noticia de la muerte de Emma, una perrita sana sacrificada para ser enterrada junto a su dueña por voluntad de ésta, hace que nos planteemos nuestro poder sobre la vida y muerte de nuestras mascotas. ¿Es tu perro o tu gato realmente tuyo? ¿Hasta qué punto creernos dueños de nuestros animales limita su felicidad?

 

Llevaba unos días queriendo abordar algún tema diferente en el blog, algo más filosófico, sobre la mentalidad de la persona que ama a los animales. Algo que hablara de nuestra manera de pensar y no tanto de una u otra enfermedad o normalidad de nuestras mascotas. Más centrado en el dueño, por así decirlo, y no en el animal.

Y estos últimos días me ha sacudido la terrible noticia del triste destino de Emma, una pobre perrita sacrificada en Estados Unidos cuyo único “delito” fue ser tan “amada” por su dueña que entre sus útimas voluntades estaba ser enterradas juntas.

Con lo que, cuando la dueña murió, se sacrificó a la perra para cumplir esa voluntad.

Me parece un acto tan terriblemente egoísta y carente de amor verdadero que no quiero ni entrar a discutir la ética de este caso en concreto. Cuanto menos su legalidad, que demostrado ha quedado que existe y prevalece.

Más allá de hablar de la ética de matar a un animal sano por la simple voluntad de alguien que ya no está (incluso si hubiera en juego, que no lo sé, el pensamiento de estar juntos en la eternidad, ¿no se podía esperar unos años la señora? Los perros no viven mucho tiempo, y la eternidad es… pues eso, eterna), más allá de si tenemos o no los dueños potestad sobre la muerte de “nuestras” mascotas, yo me pregunto acerca de la potestad sobre su vida.

Eutaasiada perrita shih tzu sana para descansar en el cementerio junto a su dueña
Perro de raza Shih Tzu. Según la noticia, Emma era un cruce de esta raza.

Me ha parecido una oportunidad para hacernos reflexionar sobre el papel que damos a nuestras mascotas en nuestras vidas y la sensación de posesión que tenemos respecto a ellas.

¿Tu perro es realmente TUYO?

¿Es tuyo porque lo compraste?

¿Es tuyo porque lo alimentas cada día?

¿Es tuyo porque lo cuidas, lo llevas a sus revisiones, tienes sus papeles en regla…?

¿Es acaso tuyo porque le salvaste la vida, lo recogiste de la calle, o lo adoptaste de un refugio?

¿En qué momento pasas a poseer la vida de nadie?

Si en las frases anteriores cambiásemos “perro” por “hijo”, “pareja” o incluso, siglos atrás o kilómetros allá, “esclavo”… ¿Serían menos ciertas?

Yo gasté unos 500€ en conseguir tener a mi hijo, y planeo gastarme otros 2000€ en concebir al segundo… (sí, reproducción asistida, no penséis cosas raras)

Más o menos lo mismo que me costaría adquirir un cachorro, según la raza que eligiese.

Más o menos lo que me gasto anualmente en mantener en las mejores condiciones a mi perra.

¿Es mi hijo de mi propiedad? ¿Mando sobre su vida y su muerte?

¿Lo es mi pareja?

¿Lo sería un esclavo, incluso si fuera en algún país o época en que la esclavitud fuera legal y habitual?

He aquí mi opinión:

Mi perro no es MÍO.

No me pertenece su vida ni su muerte. Es un ser único, independiente, irrepetible, con derecho propio a vivir y a ser tratado con dignidad y respeto.

Cuando me muera, quiero que mi hijo siga adelante con su vida. Quiero que mi pareja encuentre de nuevo el amor y sea feliz (después de un tiempo razonable, se entiende. Sí, me fastidiaría que se fuera a los 3 días con cualquier otra persona. Eso, suponiendo que a un muerto pueda fastidiarle lo que hagan los vivos).

Y sí, si me muriese antes que mi perra y la dejara sola en el mundo, me gustaría que encontrase otra familia en la que ser feliz. Claro que ella lo pasaría mal, me recordaría y me echaría de menos… ¡Pues como espero que hagan mi pareja, mi hijo, y el resto de mis seres queridos!

Pero yo no soy quién para llevármela a la tumba.

Ni para coartar su felicidad.

Ni, ya puestos, para decidir cómo debe sentirse, cómo debe actuar en todo momento, qué debe hacer con cada uno de los minutos de su vida.

Ven, Siéntate, estate calladito, no molestes, deja eso, ahora no…

Venga que no es para tanto, no te pongas así, no tiembles, no ladres, no gruñas…

Una cosa es educar y otra muy distinta es poseer, sentir que tienes potestad sobre el cuerpo y el alma de ese individuo.

Tu pareja puede decidir dejarte (y si decide no hacerlo, en cualquier caso ha tomado una decisión), tus hijos probablemente acaben marchándose, pero tu perro no puede decidir dejarte. Con bastante probabilidad, vivirás más que él. Toda su vida, toda su felicidad, o la que le queda desde el momento que te conoce, está en tus manos.

Nuestro perro no puede decidir alejarse de nosotros.

Y probablemente, tampoco querría, porque somos el centro de su mundo.

¿Intentas hacer a tu perro feliz?

Tienes hacia él varias responsabilidades legales, ¿pero qué hay de la responsabilidad moral de hacer todo lo posible porque no sufra, porque disfrute, porque tenga una buena vida?

Y eso incluye que no tenga frío, hambre, dolor ni enfermedades.

Pero también…

-Que no tenga miedo

-Que no sufra ansiedad

-Que no se sienta abandonado

Y lo que es más:

-Que se sienta querido

-Que disfrute día a día

-Que corra, salte, huela, juegue, explore, menee su cola, sonría a su manera, disfrute a su manera, que sea feliz

-Que se sienta comprendido y respetado por los humanos de quien depende.

A los que ama.

-Que tenga un lugar seguro donde resguardarse cuando tiene miedo.

-Que tenga un humano que comprenda cuándo está pasando un mal rato, y le ayude a sobrellevarlo.

Tienes la responsabilidad de que tu mascota sea verdaderamente feliz, y no sólo "esté bien cuidada"

La Curiosidad Salvó Al Gato. Haz feliz a tu mascota.

«Si tu eres mi perra, yo soy tu humana».

Una relación desigual en la que uno suele mandar y el otro suele obedecer no es equivalente a decir que hay posesión ni derecho de decisión sobre la vida ni la felicidad del otro individuo.

El amor verdadero, hacia cualquier ser, pasa por desear ante todo su felicidad, no su permanencia a tu lado.

Estoy segura de que Emma quería muchísimo a su dueña. Y de que su dueña creía querer a su mascota.

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