Relájate y disfruta de tu mascota

¿Recuerdas cuando llegar a casa era el mejor momento del día, porque ibas a estar un rato con tu mascota?

Quizá te pasó ayer mismo o quizá hace años, pero estoy segura de que si estás leyendo esto es en parte porque alguna vez te has sentido así.

Hoy he estado reflexionando sobre el estrés, la vorágine del día a día, y el sentido de la vida. Ahí es nada…

Y me he decidido a escribir estas líneas.

Cuando llegar a casa ya no es el momento de relajarte junto a tus animales y jugar con ellos, cuando ya nunca lo es, porque llegas muy cansado, o con el tiempo justo para cocinar, poner una lavadora, y sacarlo a hacer un paseo rápido o limpiar su arenero… De repente puede que sientas que lo que antes te hacía tanta ilusión, ahora es una responsabilidad más.

No te culpo.

Si estoy escribiendo esto es porque a mí misma me ha pasado.

Con la llegada del bebé, no puedo dedicar tanto tiempo a mi perra como antes, y los paseos por el bosque se han convertido en vueltas rápidas a la manzana porque hay demasiadas cosas que hacer que, aunque me duela, son más importantes o más urgentes.

Y como a mí me ha pasado, quiero compartir mis conclusiones contigo:

No te culpes.

No creas que con otra familia estaría mejor.

Igual en algún momento piensas: “Pero es que es verdad: Mi animal necesita una atención que no le estoy dando: más excursiones, más juego, mejor comida de la que le puedo pagar…”

Frena.

Te voy a contar algo: Va de prioridades. Las de tu animal.

No te equivoques: Tu perro, tu gato, con quien mejor está es contigo. Su familia. Le importan tres pepinos la marca de la comida, si tú no estás ahí. Claro que le gustaría más salir todos los domingos al campo, o una casa con jardín, o un dueño que jugara todos los días con él al escondite.

Pero si realmente le pudiéramos preguntar al animal, si realmente le pudiéramos hacer entender que es O una cosa O la otra, ¿sabes qué diría? Que prefiere estar 15 minutos contigo que 3 horas jugando con un extraño.

Porque tú eres su familia.

Estoy hablando de vínculo. De conexión. Si realmente has logrado que tu perro, tu gato, te vea como su familia, su clan, su manada… Eso no tiene precio. Tú, para él, no tienes precio.

Vale, de acuerdo, muchos gatos son bastante más independientes que esto, y no forman manadas, y a algunos parece importarles más la marca del jamón dulce que si quien se la da eres tú o un gremlin en zapatillas. Si tienes un gato de esos, sólo tengo como argumento mi experiencia en la clínica: en los momentos malos, como cuando están muy enfermos o ingresados en un hospital, he visto a gatos teóricamente “muy independientes” llorar maullando al ver a su dueño. No lo hacen todos, desde luego, pero eso me demuestra una emoción, un vínculo, que aunque no siempre lo demuestran, ahí está.

Así que, si cuando vas camino a casa tienes que elegir entre sacar al perro al parque o jugar con él, si tienes que elegir entre ponerle de comer al gato y limpiar su arenero o tirarle una pelotita… De vez en cuando, deja que el juego gane. No te digo que no lo saques, o no le des de comer, porque evidentemente son necesidades básicas. Pero quizá puedes, durante unos días, sacarle menos veces pero estar más con él. Guarda el móvil durante el paseo y jugad. Quizá puedes ponerle otro arenero, para que no sea tan imprescindible limpiarlo cada vez que llegas a casa, y dedicar esos minutos a hacerle perseguir una pelotita o jugar al escondite.

Encuéntrale un pedacito a mantener ese vínculo.

Cuando tengas más tiempo, ya recuperaréis las excursiones o las tardes de sofá y caricias.

Pero que ahora no puedas dárselas no quita que sigues siendo lo más importante en su vida.

Que tengáis una feliz semana.

🙂

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