Si riñes a tu perro, hazlo bien

Cuantos más videos veo compartidos en las redes sociales o que me envían mis alumnos o mis clientes, más claro lo tengo: no sabemos reñir.

Por lo menos, no de manera que el perro entienda lo que queremos transmitirle.

No me malinterpretéis, claro que el perro sabe que le estamos riñendo. Coge ahora mismo a cualquier perro “normal” y pégale un grito enfadado, ¡verás como se encoge, baja las orejas o incluso tiembla! Pero ese comportamiento, que malinterpretamos como arrepentimiento, en realidad sólo es que el perro te ve enfadado… ¡pero no sabe por qué!

Y lo que es peor, no sabe qué debería hacer para que dejes de reñirle. Reñir, y eso en el mejor de los casos, le enseña al perro lo que NO queremos que haga, ¡pero no le enseña lo que SÍ puede hacer! Si ha hecho algo mal, como morder algo, hacerse pipí donde no toca, o expresar sus emociones ladrando o saltando, esa necesidad sigue ahí. Y debemos, como dueños responsables que queremos el bienestar de nuestro perro, ofrecerle una manera apropiada de desahogar esa  necesidad.

No riñe bien quien riñe más fuerte, ni siquiera quien riñe en el momento oportuno, sino quien da al perro una alternativa apropiada y le premia por usarla para que así, la próxima vez, ante esa situación el perro sepa qué conducta le reportará un beneficio, y la elija.

Reñir sólo prohibe; no enseña.

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